Danza de mi vida
Desde la quinta extensión, la ruta del Almirante eleva su mirada,
brota una exclamación, que: “De lo alto miro”. Surge el topónimo
como la primera versión de la belleza disparada por el asombro
inevitable. Nacen las elevaciones despiertas de aquel viaje atónito
de un espanto entre picos y lomas árticos.
Procedente de un cruzado paraje que no cabe en el olvido, escribo
estas líneas ya que me dio la bienvenida un día repleto de sol,
custodiado por las lluvias, un peldaño para llegar más alto y una
madre empinada como Septentrional, gran Cordillera.