El Lenguaje Humano de la Biblia
Entre finales de 2019 e inicios de 2020 surge en mí la
inquietud de apreciar la manera en cómo Dios, aun siendo
Él la deidad, es decir, aquel que es y gobierna todo cuanto
existe, manifiesta la intención de que el ser humano, pudiese
recibir de Él su mensaje, lo que llamaremos en este trayecto
“La Revelación”. No sé por qué llegué a pensar que podría
escribir sobre esto y plasmar aquello que estaba considerando
en un libro como este, ya que no era escritor, más aún, para
ese entonces apenas iniciaba el seminario bíblico. Pero lo
que sí es que el tiempo pasaba y como si hubiese quedado
una abertura en mi corazón, sentía la insistencia acerca del
valor que tiene lo que veremos en las próximas páginas.
Agradezco a mi hermana en Cristo y amiga, Rosabel Casado,
la cual un día me dijo en su papelería: “No dejes que muera
la inspiración ya que luego con tantas ocupaciones, esta puede
llegar a esfumarse”, fueron casi sus palabras textuales, las
cuales sirvieron como empuje para no dejar morir aquello
que, años atrás, había surgido en mi mente y corazón.
Lo que hoy trato en estas líneas es algo más que
antropomorfismos, es decir, independientemente de que,
en un sentido técnico, en teología se utiliza este término
(antropomorfismos), donde se observa cómo las Santas
Escrituras contienen un lenguaje humano; quiero resaltar
que lo que pretendo mostrar aquí es algo más que ese
tecnicismo, esto sin abundar en este momento sobre lo que
todo eso significa.
Hay un sin número de bases escriturales para el propósito
particular que desarrollaremos a lo largo de este viaje, y esa
fue una de las motivaciones principales que insistían dentro
de mí para hoy estar hablando de esto; pero de pronto y aparte
de toda la riqueza bíblica que veremos quiero solo citar al
hijo de Dios, Jesús, en su conversación con Nicodemo (Juan
3:1-36), a quien le estaba indicando que, aunque Él quería
llevarle hacia el propósito del Padre, lo quiso hacer en una
forma que él lo entendiera, más aun así no fue; “Si os he
dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere
las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del
cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. (Juan 3:12-13).”
Sé que da un poco de curiosidad para muchos que no tienen
el conocimiento del pasaje, querer comprender qué estaba
tratando de enseñarle Cristo a Nicodemo, para ello les invito
a ver el capítulo en su contexto; sin embargo, en algunas
secciones veremos reincidir esta intención del Eterno de
comunicarnos su propósito de una manera muy cercana, en
nuestros propios términos.