Los emigrantes del siglo
La poesía de Héctor Rivera, en sus cuatros oscilaciones, es refrescante y se desarrolla en un espacio temporal donde lo físico y lo emocional se bifurcan certeramente. Apoyado en un lenguaje llano y una carga menos dolorosa. También es un antídoto contra el desgarramiento humano neoyorquino y, por qué no, un escenario óptimo para la amada vigilarnos disimuladamente, o para el amigo lanzarnos el abrazo de la confraternidad.