República DominicanaRepública Dominicana
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ISBN 978-9945-512-39-7

El Síndrome de Princesa
La enfermedad que infectó a las mujeres y sanó a los hombres

Autor:Martínez Hernández, Pablo César
Editorial:Publicaciones Libertad /Esdrac Molina Rosa
Materia:Ética de las relaciones familiares
Público objetivo:General
Publicado:2024-03-10
Número de edición:1
Número de páginas:176
Tamaño:13x23cm.
Precio:$800
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Los hombres no aman a las cabronas como sugiere un libro muy popular, más bien; se infatúan, se enferman de una especie de codependencia, se clavan, se encaprichan, se obsesionan. Es una forma de enamoramiento, donde los sentimientos son profundos e intensos, la razón es esclava de las emociones, y la voluntad no tiene ningún dominio sobre el voraz deseo de poseer a la mujer amada, o mejor dicho, de la mujer deseada.Sin embargo, nunca llega a ser amor, porque la infatuación no es el camino que nos lleva a la gloria, es en realidad el camino que nos lleva al infierno. Cuando tenía 16 años leí en un escrito de la librería de Lynwood en E.U:
<< Cuando un hombre hace a una mujer su dios; esta, inevitablemente, se le transformará en un demonio>>
Lo mismo podemos decir de las mujeres; si alguna mujer hace a un hombre su dios, la relación se le transformará en algo tan tóxico, nocivo y desagradable como el mismo demonio. Sin embargo, las mujeres han sufrido el abuso y desprecio que la mayoría de los hombres tienen hacia una buena mujer. Se sienten desconcertadas y confundidas respecto al comportamiento de los hombres; si se les trata bien, ellos son tiranos y malvados o por lo menos indiferentes, como si no les importara la relación. Más si ellas son las malvadas, tiranas, e indiferentes, ellos toman una actitud de interés, cuidado y hasta de un dejo de enamoramiento.
Esto ha llevado a las mujeres a la falsa conclusión de que los hombres aman a las cabronas, sin embargo, como esta es una reacción general en los seres humanos sin distinción de sexos, entonces tendríamos que decir que las mujeres también aman a los cabrones. Pero esta es una gran mentira, nadie puede amar a una persona que le lastima, o le desprecia permanentemente, y ese sentimiento que parece amor, es en realidad una codependencia de masoquismo o sadismo que con el tiempo se transformará en resentimiento y amargura.
Esta mentira ha llevado a muchos, especialmente hombres buenos, y mujeres buenas a creer que, si se vuelven malos e insensibles, entonces el sexo opuesto los valorará.
Los hombres no aman a las cabronas… Los hombres aman a las princesas. Lo que sucede es que, en la perspectiva del hombre, una princesa y una cabrona se parecen mucho. Sí, porque cuando una mujer adquiere conciencia de su identidad y comienza a amarse, aceptarse a sí misma, y hacerse responsable de su persona, entonces también aprende a respetarse y hacerse respetar. Se convierte en una mujer con carácter, y eso no le gusta al principio a ningún hombre, así que su primera impresión es que está tratando con una mujer dura e insensible... ¡Una mala mujer!
Esto no es verdad, ni las cabronas ni las princesas son malas. Las princesas son mujeres que han recibido una revelación de su identidad, de su valor, de su dignidad. Antes, por ignorar su valor, permitían que algunos hombres las maltrataran y las usaran. Más ahora, se hacen respetar y no permiten que sus límites sean traspasados. Se aman a sí mismas, sin dejar de amar a su prójimo. Las “cabronas” (como ellas se hacen llamar) son mujeres profundamente heridas, que decidieron no permitir que ningún hombre las vuelva a herir. Solo que tomaron el camino equivocado, el camino del orgullo, el resentimiento y la manipulación.
Mi anhelo es que en este escrito redescubran su identidad de princesas, su autoestima, y su autoimagen, para que puedan vivir una vida con propósito, dignidad, y absoluta plenitud. Fuimos creados para conocer, disfrutar y expresar el amor incondicional de Dios, cualquier otra realidad nos deja vacíos, confundidos e infelices.

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