Desde el vientre, camino al éxito.
No es necesario adentrarse en la lectura de esta obra, “Desde el vientre camino al éxito” para percatarse, desde los primeros párrafos de la misma, de que en ella su autora externa un deseo profundo de ayudar, de alguna forma, a que las futuras generaciones no se vean afectadas negativamente por decisiones erradas de sus padres, que disminuyan sus potenciales y limiten su desarrollo. Hace hincapié en el hecho de que la situación de los afectados se agrava porque, por lo general, estos desconocen haber sido afectados por los antecedentes negativos de sus progenitores, porque salvo que haya una confesión de los padres a los hijos, lo cual normalmente no sucede, o que persistan los hábitos dañinos que afectaron negativamente el embarazo y al producto de la concepción, el hijo solo puede suponer el daño causado al embarazo por los mismos.
Su preocupación genuina queda plasmada en una especie de queja al razonar sobre el tiempo perdido por los adolescentes y jóvenes, que se conforman con vivir el presente sin detenerse a proyectar su vida hacia el futuro y preguntarse qué serán o qué estarán haciendo 30 años después. Con ese lamento la autora manifiesta la necesidad del fomento de “hogares y escuelas con esa visión”, donde se enseñe “a desarrollar desde la infancia la esperanza; que es la herramienta que hace que cada individuo haga realidad lo que aún no existe”
Es entendible esta inquietud, porque en la medida que al niño se le enseñe a soñar, a dar vuelos a la imaginación, “cada individuo puede imaginar lo que su mente quiera lograr, tanto en el presente como en el futuro; de ahí la persistencia, la disciplina y la pasión nos darán el resultado que queremos, no importando lo difícil y lejano que se pueda ver al principio”. Pero para que esto suceda, se precisa enseñar al niño a no estar permanentemente atado a la cotidianidad, sino aprender a soñar y amistarse con lo que podrá construir como su futuro. Otro de los motivos de inquietud señalados por la autora es la falta de correlación entre los grandes avances de la ciencia y nuestros planes educativos, que parecen haberse estancado en el pasado siglo, lo que coloca a
nuestros jóvenes estudiantes en desventaja con aquellos de países donde se han realizado las adecuaciones necesarias a los planes de estudio para adaptarlos a la modernidad. Por otra parte, además, el apoyo institucional para estudios de post-grado es limitado, cuando no se cuenta con el auxilio de los padres, lo que constituye una limitante más.
La Dra. Cándida Romero culmina su obra con algunas recomendaciones
finales que dan a conocer al lector cuáles son los pasos preventivos que llevan al inicio del camino del éxito y ayudan a recorrerlo evitando los tropiezos y sinsabores que provocan desánimo y hacen que muchas personas conformistas se alejen de él atraídos por senderos más llevaderos, pero no ascendentes. Estas reflexiones son seguidas de algunas interrogantes a las que ella llama “Cuestionario de vida”, las que pueden permitir un autodiagnóstico al lector, llevándolo a sincerarse consigo mismo y a delinear lo que ha sido y cuáles son sus verdaderas aspiraciones. Sin dejar de motivar, en ningún caso, a emprender con decisión la ruta que conduce al éxito integral.