Guía didáctica educación ambiental para docentes
Educación Ambiental sobre el elemento biótico “Fauna”
Estudiar y reconocer la rica y variada biodiversidad dominicana es uno de los factores fundamentales para lograr el equilibrio entre el aprovechamiento,
el disfrute y la conservación de las riquezas naturales que posee nuestro país. Conocer, explorar, difundir la extensa biodiversidad del país y su utilización integral y equilibrada es un factor clave para el desarrollo sustentable.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son un conjunto integral de metas que reconocen la interconexión de los seres humanos y el planeta que habitan, así como la dependencia del bienestar de las personas de un entorno saludable. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible constituye un plan de acción integrado que surge de la comprensión de las interdependencias entre ser humano y naturaleza y de la importancia de un planeta sano para la continuidad del progreso humano. El objetivo es sacar a todo el mundo de la pobreza y lograr una prosperidad compartida de cara al 2030. Entre sus metas también se incluye la estabilización del clima terrestre, la ralentización y reversión de la pérdida de biodiversidad y la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales renovables, incluidos los de nuestros vastos océanos. La finalidad es generar bienestar para las generaciones presentes y futuras.
La construcción de un mundo mejor debe tener plenamente en cuenta la naturaleza, la biodiversidad y el clima. A esto se agrega el hacer frente a las arraigadas desigualdades sociales que la pandemia ha puesto de manifiesto. Ahora corresponde a todas las sociedades aprender a restaurar un equilibrio sano entre las personas y el planeta. Debemos sacar provecho tanto de los últimos hallazgos científicos, como de los conocimientos y tradiciones de los pueblos indígenas.
Nuestra historia está marcada por la creciente dominación, transformación y manipulación del mundo natural por parte de los humanos. Los hábitats naturales se han ido reduciendo i a medida que la población y sus asentamientos se han ido expandiendo. No obstante, con el nuevo milenio y las crisis emergentes del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, etc., los humanos están repensando y empezando a recalibrar su relación con la naturaleza.
La invasión masiva de zonas forestales para fines agrícolas y la construcción de asentamientos, así como la caza, la captura y el tráfico ilegal de especies salvajes y partes de ellas vuelven a estar bajo lupa.No obstante, las presiones demográficas y urbanísticas sobre espacios naturales siguen siendo intensas en muchas partes del mundo, a pesar de que se han visto mitigadas en un cierto grado gracias a la creación y gestión de áreas protegidas. El turismo salvaje en zonas de África y otras partes del mundo también ha contribuido en gran medida al endurecimiento de las medidas de protección de la vida silvestre. Sabemos que detrás de esto existe una actividad comercial impulsada cazadores furtivos y una demanda culturalmente arraigada en ciertos mercados. Estas medidas no se han aplicado a toda la flora y la fauna salvajes ni a todos los hábitats, sino que se limitan sobre todo a especies icónicas. Por tanto, son necesarios otros medios para gestionar mejor las interacciones entre humanos y vida salvaje por el beneficio mutuo y la conservación de las especies.