Una médica en el corazón del amazonas
La Doctora Arbaje, algunas veces viaja por el aire, otras veces navega en las Canoas y Curiaras sobre las aguas de los ríos y, otras veces, viaja por carreteras en la tierra, o camina a pies por los trillos, los pantanos y la maleza de los montes. Ella reporta desde el centro de operaciones de sus emociones y sus sentimientos, escenas, por ejemplo, donde navegando en un bote, en el río, va siendo escoltada por una bandada de golondrinas, que como en una fiesta de símbolo sagrado, cantan en formación ordenada, por el aire, transmitiendo la sensación de saludos de bienvenida alegre, al tiempo que un cardumen de Toninas juguetonas y graciosas, saltando en frente de la pequeña barca, la conducen hacia el puerto, cuando ella se sentía extraviada en las marañas de la Selva. Esta y muchas otras tantas poderosas escenas, en su narrativa, nos permiten ver y sentir las conexiones que se establecen entre el mundo espiritual con el mundo material de los seres humanos. Y nos recuerda la maestría de Juan Ramon Jimenez en “Platero y YO” “Esperate Platero, o pace un rato en este prado manso si lo prefieres, pero dejame a mi ver este remanso bello que no veo hace tantos años. Mira como el sol, bajando su agua espesa alumbra la honda belleza verdeoro que los lirios de celeste frescura de la orilla contemplan extasiados”