La temible banda de los atracadores de sueños
Aún muchos recuerdan cómo se vivía en Bohío Alegre antes de que llegaran ellos, los de la temible banda que pretendía llevárselo todo.
En esos tiempos felices la gente se asomaba tranquilamente a sus ventanas, saludaba y compartía con sus amigos y vecinos sobre cualquier ilusión que tuvieran, sobre sus deseos por cumplir y metas por alcanzar. Y no es de extrañarse que el lugar tuviera ese nombre, porque justo por esa alegría general fue nombrada así esa ciudad, en honor a una indígena que —dice la leyenda— era muy bondadosa y siempre estaba sonriente. La suya era una tierra de ilusiones y paz como pocas las ha habido en el mundo.
Incluso, siglos más tarde, una de esas personas felices de Bohío Alegre era Morgana, la madre de Luciano Cucurucho, un niño de once años a quien todos llamaban Lucho.