Cicatrices sin dolor
Describir una cicatriz desde la perspectiva del
dolor no es fácil, pues solo el que la carga puede saber lo
que se siente. Una cicatriz es como a carga pesada que
llevamos a cuesta. Es como la mochila que llevamos
cargando, que pesa, que duele.
La piel puede regenerar las heridas, puede
cerrarlas con el tiempo, pero y ¿qué pasa con la marca?
La marca queda visible, como señal de que algo
sucedió en esa piel, algo que la hirió para siempre, a
esto llamamos cicatrices.
La cicatriz del bebé que nace mediante cesárea
produce un dolor pasajero que luego es trasformado
en una alegría inexplicable. La cicatriz del bombero
que rescata en un incendio, y la cual le recuerda a este
su proceso de valor y determinación, su valiente acto
que lo hace un héroe.
La del obrero que se hiere al hacer su trabajo.
Entonces cada cicatriz es muestra de algo. Es muestra
de amor y de entrega, no solo de accidentes, porque,
aunque suele suceder así: ¿Cómo vemos aquellas que calan profundamente
en el corazón?
Esas no se ven tan fácilmente y de hecho ni
siquiera sanan de una vez , porque requieren de un
tiempo prolongado y de la capacidad de resiliencia de
quienes la poseen.
Las cicatrices físicas, son recuerdos que quedan
plasmados en nuestra piel, pero existen aquellas
cicatrices que dejan huellas en el corazón.