El cielo mira
No soy poeta, pero sí peregrina. Amante del camino y del silencio.
Me detengo, absorta, ante los detalles que habitan el día, el crepúsculo y la noche. Me convoca el mar y el puerto tanto como la palma y el caracol. Magnánimo, el sendero despliega ante mí su pródiga belleza. Esos instantes de comunión con la naturaleza, siempre tan fugaces, intento plasmarlos en tres líneas para que no se diluyan dentro de mí.
Aprendí el arte de escribir haikus sola, jugando con las palabras. Evocar en diecisiete sílabas una imagen, a modo de estampa, era un reto. Luego, acompañarlos de ingenio y de belleza otro mayor.