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ISBN 978-9945-29-251-0

Lecciones a mis estudiantes
Una teología del ministerio pastoral bíblica y práctica; versada en el carácter y en los oficios principales del pastor: la oración y la predicación (homilía)

Autor:Spurgeon, Charles H
Colaboradores:
De La Cruz, Juan Carlos (Editor Literario)
Núñez, Miguel (Prologuista)
De La Cruz, Juan Carlos (Traductor)
Editorial:de la Cruz Vargas, Juan Carlos
Materia:Oficio pastoral (Teología pastoral)
Público objetivo:General
Publicado:2025-02-24
Número de edición:1
Tamaño:40Kb
Precio:$700
Soporte:Digital
Formato:Pdf (.pdf)
Idioma:Español

Reseña

LECCIONES A MIS ESTUDIANTES,

Que con todo honor podría titularse “Consejos prácticos para sacar lo mejor del don y el arte de predicar de un hombre llamado”, es un tratado muy refinado y exhaustivo sobre los principales deberes y la continua procura en que debe enfocarse todo hombre llamado a predicar.

Spurgeon expone en 30 lecciones (de las que nosotros ponemos aquí 18 a vuestra disposición) todo lo bíblicamente enseñado y en la práctica y la historia forjado: (1) cuales son las evidencias del llamado divino en un hombre señalado por Él para pastorear a su pueblo guiándolo al verde pasto de Su Palabra viva y eficaz; (2) cómo se conduce y se maneja ese hombre en público y en privado, es decir, cuál es su carácter interior que se refleja en su vida ministerial y cotidiana; (3) y cuales son sus principales deberes con respecto al ministerio que le ha sido entregado, a saber: (a) el oficio de la Palabra (en la que debe esforzarse para aquilatar y perfeccionar sus técnicas de interpretación y comprensión, tanto como de comprender su ciencia y su arte, y su deber de co-municar de su mensaje al pueblo), (b) el sagrado oficio de la oración privada y pública; (c) la consideración de su audiencia, a saber, Dios y los hombres.

Si lees su obra notarás que para Spurgeon predicar es señirse uno al mensaje comunicado por el Texto, ilustrándolo de tal modo que Cristo sea bien plasmado en la mente del escucha, para lo cual será necesario contar con un llamado, una vida santa, una dependencia plena en Dios y una consideración de la audiencia, puesto que el predicador debe procurar con diligencia sacra co-municar en tan sencilla e ilustrada manera su discurso, que los campesinos iletrados y los niños comprendan cabalmente toda su comunicación.

El Texto fue su sustancia, la comprensión fijativa su meta, procurando así persuadir a los oyentes de su urgente necesidad de Cristo.

Ha resultado y resultará difícil para cualquiera componer jamás otro tratado que se asemeje a este y que sea tan exaltado, digno de “el príncipe de los predicadores”.

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