La Espera
Escrita para sanar. Ojala y también sane algo en ti
No todas las desilusiones llegan de golpe.
Algunas se deslizan lentamente, como cartas sin respuesta que se acumulan en el tiempo.
Pimentel, ese rincón sereno del nordeste dominicano, siempre ha sido un pueblo que se resiste al olvido. Donde, el tiempo no avanza: da vueltas. Como una vieja canción que vuelve a sonar pre-cisamente cuando ya no la esperas.
Allí vivía Elena.
Una mujer que había decidido vivir entre los recuerdos, aunque jurara no seguir enamorada de ellos. Sin embargo, cada rincón de su casa era un altar a la espera.
Hasta que un día, un eco tocó a su puerta.
Tenía un rostro joven. Una voz conocida.
Y esa misma mirada del hombre que, tiempo atrás, le había prome-tido volver.
Pero lo que parecía un milagro comenzó pronto a desmoronarse. Las piezas no encajaban. Los recuerdos no existían en él, y el amor que le ofrecía aunque hermoso, se sentía diferente.
Y Elena, desde el rincón más íntimo de su entrega, lo intuyó: El amor de su vida quizá había regresado, pero no era el mismo.
Esta no es una novela de romance tradicional.
Es una herida abierta en forma en páginas.
Una mentira que quiso ser verdad.
Una búsqueda desesperada de sentido en medio del abandono.
Aquí no encontrarás promesas dulces, sino silencios densos.
No hallarás certezas, sino preguntas que todos, en algún mo-mento, hemos temido hacernos.
No te precipites a juzgar a los personajes.
Escúchalos. Permíteles quebrarse frente a ti.
Porque esta historia, aunque no comience contigo, podría terminar dentro de ti.