La novela bíblica y el fin de la Era de Trujillo
Los autores de las novelas bíblicas analizadas por Di Pietro conforman uno de los módulos más prestigiados de la historia de la novela dominicana; historia accidentada, superpoblada de obras mediocres y prescindibles que nuestro amigo ha ido cribando en arduas y prolongadas lecturas y asedios. En el citado módulo conviven autores como Ramón Emilio Reyes, con El testimonio, Marcio Veloz Maggiolo, con El buen ladrón y Judas, y Carlos Esteban Deive, con Magdalena, los tres lamentablemente ya fallecidos.
El gran mérito de estas novelas estriba, según la tesis desenvuelta por Di Pietro en La novela bíblica y el fin de la Era de Trujillo, en su intrínseco carácter crítico frente al monolítico y devastador poder trujillista: una luenga etapa de la historia dominicana marcada por la ignominia, por el silencio forzoso o la complacencia de los intelectuales, y por la vesania del déspota de San Cristóbal.
Este dispositivo crítico se vale del disfraz de las parábolas cristológicas, de la figura del nazareno y de otros personajes bíblicos, para denunciar las diversas patrañas y fechorías del régimen de Trujillo.
Para Di Pietro, pues, estas novelas bíblicas, más allá de su evidente meditación existencialista y religiosa, encubren un cuestionamiento implícito pero severo de la sociedad dominicana de la década de los sesenta, cuando la dictadura comienza a ser pasto de su propia podredumbre y los nuevos tiempos de libertad política y democracia parecen intuirse en el horizonte neblinoso y complicado de Quisqueya.
El magisterio de Di Pietro alcanza en este pequeño libro cotas indudables de excelencia, al ofrecernos otro examen detenido y bien documentado de la novelística dominicana del siglo XX; área que ya no puede ser entendida ni estudiada de manera medianamente seria sin el auxilio de sus reflexiones y libros.