Siervo de Dios
Me parece apropiado iniciar estas líneas contándoles mi propia
experiencia, mi encuentro con mi Señor y Salvador Jesucristo. El
siervo de Dios da testimonio de lo que Dios hace en su vida. Nues
tros testimonios y las obras de Dios cuando son contadas, sirven para
fortalecer y levantar a otros que pasan situaciones similares a las que
hoy atravesamos. Yo, como millones más, pasé por el valle de la incer
tidumbre, las sombras gobernaron mi vida hasta el momento en que
Dios me rescató, me salvó, me limpió y me sanó. Hoy puedo decir
que no hay orgullo en mí, ni vanidad. En el devenir del tiempo Dios
se encargó de moldearme y quitar todo lo impuro y corroído, como lo
haría el herrero con el hierro.
¡Con fuego y martillo he sido forjado! La crítica, el menosprecio
y el desprecio de los cuales sufrí en tiempos pasados con los que tuve
que lidiar en tiempos pasados, ahora son como el viento que acaricia
mi armadura férrea. Al transitar por las páginas de este libro apren
derás que lo que hoy atraviesas y que te parece demasiado pesado y
malo, mañana será una historia, un testimonio de lo bueno que fue el
Señor, y de cómo Él te salvó y te ayudo cuando nadie más se acordó
de ti. En ese momento difícil solo Él te dijo aquí estoy. Entenderás
que cuando Dios nos cambia, su transformación es total y radical y
evidente. Él tomó mis temores, mis penas y la depresión. Jesús le dio
sentido a mi vida que antes fue fría y oscura. Aunque mi padre y mi
madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Salmos 27:10.
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Pastor Nathanael Grullòn
Acepté al señor el quince de enero del 2009. Nací en el seno de
una familia humilde, de pocos recursos. Mis padres dieron lo mejor de
ellos, cada uno a su manera. Pero, fruto de la situación económica que
atravesaban, tomaron decisiones que afectaron y marcaron nuestras
vidas. Mi madre se fue al extranjero, yo quedé a cargo de mi padre y
mis hermanos bajo el cuidado de mi abuela. Crecí sin la compañía de
mi madre, lo que provocó en mí mucha inseguridad y sentimientos de
abandono. En mi interior, siempre quise lo que a mi vista mis compa
ñeros tenían, un hogar estable. Mi padre, por su parte, se casó más
de cinco veces y con cada nuevo hogar que creaba, más crecía en mí
la incertidumbre. Así que podríamos decir que sé muy bien lo que es
una familia disfuncional, pero Dios siempre estuvo cuidando de mi
y aunque aún no le había aceptado, sabía que Él estaba ahí, en cada
tropiezo, en cada crisis, en cada llanto.
Recuerdo que la primera en conocer al Señor en nuestra casa fue
mi prima hermana Cindy Peralta, en esos tiempos, ella sin saberlo,
sembró en mí la semilla inicial. Un sin número de veces se me predicó,
se me habló y se me profetizó, más yo no quise escuchar. Yo, que
crecí bajo la tutela de mi padre, un hombre marxista-leninista que no
creía en la existencia del Señor, y que se esforzó por hacerme creer
lo mismo, del mismo modo tampoco creía y pensaba que Dios era un
invento de los hombres, una forma arcaica de dar explicaciones a las
cosas inexplicables de la naturaleza, un esfuerzo por encontrar sentido
a lo que no se comprende. Eso era Dios para mí, una religión más, un
dios más entre tantos, y que servía para controlar a las masas ¡Qué
increíble locura!
Aquella noche del quince de enero del 2009, me encontraba en la
playa en compañía de un amigo y dos mujeres que nos acompañaban.
Eran las tres de la mañana, estábamos bajo los efectos del alcohol y
por demás en cosas de la carne. De pronto, un pensamiento llegó a
mi mente, algo me decía que entrase en el agua a nadar. Como era mi
costumbre y me encanta nadar, obedecí, dejando a mis compañeros de
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El Siervo Dios
parranda en la orilla de la playa mientras yo solo me adentraba en las
aguas oscuras para llegar hasta una isleta de manglares que en nuestro
país le llaman La Matica, en la playa de Boca Chica.
Mientras nadaba en las profundas y oscuras aguas, algo que para
mí no representaba un gran esfuerzo, pues en cada momento que visi
taba la playa lo hacía con normalidad, al llegar a la mitad del trayecto,
en la parte más profunda, un calambre se apoderó de mis dos piernas
¡el dolor era insoportable! Mientras luchaba por no morir ahogado
empecé a notar que el agua a mi alrededor empezó a tornarse tibia,
y después un poco más cálida. Al mirar el cielo oscuro de la noche,
intentando tomar aire, noté que una pequeña nube en medio de la
oscuridad empezaba a tocar el agua, algo inusual, pero mis fuerzas
estaban concentradas en sobrevivir. Al instante escuché una voz que
me hablaba desde las aguas y decía mi nombre. El terror llenó mi
mente, no entendía qué estaba pasando, mientras la voz continuó y me
dijo: Nathanael, yo soy el señor Dios de todo lo que existe, estoy aquí
porque te amo y quiero salvarte. Quiero usarte. Decide ahora, ya que
esta será tu última oportunidad.
Al escuchar su voz, mi corazón se estremeció y mi mente estaba
aterrada. Mientras Él hablaba el agua a mi alrededor vibraba, como
si el sonido la hiciera temblar como queriendo escapar. Más tarde
entendí lo que dice la palabra: A la presencia de Dios tiembla la
tierra, a la presencia del Dios de Jacob, el cual cambió la peña en
estanque de aguas, y en fuentes de agua la roca. Salmos 114: 7-8.
Yo estaba perplejo, y no podía entender por qué Dios tendría algún
interés en mí. Realmente no era nadie importante. Aun así, Él quiso
salvarme. Así que le dije: Señor, si permites que salga del agua y
regrese a mi casa yo te serviré todos los días de mi vida. Inmediata
mente el calambre en mis piernas se fue, era libre y pude salir del agua.
Al día siguiente asistí a la iglesia y pasé adelante cuando el pastor
Cecil Lugo oró al Señor por mí. Tras mi decisión por Cristo, comencé
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Pastor Nathanael Grullòn
a asistir a una iglesia de Dios, me doctrine y me preparé. Dios en su
plan para mí usó a cuatro hombres de una manera extraordinaria para
forjarme, martillarme, limpiarme, sensibilizarme y acercarme a Él.
El pastor Cecil Lugo me mostró el camino y me ayudó a caminar,
el pastor Neftalí Espinosa me enseñó el significado de la pasión por el
Espíritu Santo, el pastor Félix Somón me enseñó sacrificio y lo valioso
que es darlo todo por Cristo. Por último, Dios usó al pastor Román
Santos y su esposa Yagna Vanderlinder para enseñarme a predicar su
palabra y ser lleno del Espíritu Santo, pero algo más pasó y es que
Dios los usó a todos para sanar mi alma herida y darme a través de
ellos el amor y la comprensión que un padre puede dar.
Siempre el rol de los pastores es diverso. Trabajan nuestra espiri
tualidad, nos forjan el carácter con su sacrificio y testimonio, nos aman
y nos muestran el corazón y el amor de Dios. En tu caminar en el evan
gelio, da gracias y ora por aquellos que trabajan contigo y te ayudan a
ser mejor. Dios honra a aquellos que le honran. Pagad a todos lo que
debéis: al que tributo, tributo, al que impuestos, impuestos; al que
respeto, respeto; al que honra, honra. Romanos 13: 7.
Los meses y años siguientes después de este encuentro inicial, el
Señor trabajó sanidad integral en todo mi ser. Por medio de la santa
palabra y la oración, Dios trabajó mi mente transformando mi manera
de pensar. Cambiando mi mente por la mente de Cristo. Porque;
¿Quién ha conocido la mente del Señor, para que le instruya?, más
nosotros tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2: 16.
Parte de la obra que Dios comenzó a hacer fue que también sanó
mi corazón de todo espíritu de rechazo, odio, rencor, abandono y cosas
semejantes. Pero sobre todas las cosas, Dios trabajó el orgullo que
estaba en mí, que durante muchos años fue el escudo utilizado para
protegerme de tantas cosas que atravesé. A veces, en el devenir de
la vida, creamos escudos, son muros que nos ayudan a sobrevivir en
medio de las batallas que atravesamos. Lo hacemos porque no cono
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El Siervo Dios
cemos a Dios y no comprendemos que Él es nuestro escudo y refugio.
Nunca permitas que ataques y personas dañinas moldeen tu vida.
Acércate al señor y Él será tu castillo fuerte.
¡Definitivamente el proceso es necesario! Todos los cambios
duelen, porque el proceso por el cual tenemos que pasar muchas veces
es duro. Una mente acostumbrada a lo malo y pecaminoso le es difícil
y doloroso volver a su estado de pureza, porque en el transcurso del
tiempo las tinieblas torcieron el propósito de Dios y ahora hay que
enderezarlo y regresarlo a la normalidad. Ese proceso de adaptación,
de desintoxicación muchas veces nos hará llorar y quejarnos.
Pero Dios que es un buen pastor y el maestro no detendrá nada del
proceso. Al contrario, Él seguirá trabajando en nuestras vidas en todas
las áreas. A través de lo plasmado en este libro y de mi experiencia
contada, es mi intención que ustedes tengan algo que yo obtuve por
medio del ensayo y error. Generalmente, cuando llegamos a la iglesia,
nadie nos dice cómo debemos conducirnos en la casa de Dios, pero en
este libro, usted aprenderá los principios fundamentales para avanzar
en Dios. En muchas cosas serás edificado, más no podrás escapar de
tu proceso personal. Confía en el Señor y permítele a Él guiar tu vida.
Aunque no entiendas, más adelante lo harás y darás gracias.
Rev. Nathanael Grul lón