Dios me dio un no por respuesta
Aun después de rogar por un si
Hablar de la gracia de Dios es entrar a un terreno donde las palabras humanas se quedan cortas. Es intentar describir lo indescriptible. Así como el amor de Dios sobrepasa nuestro entendimiento, también su gracia va más allá de lo que podemos procesar con la mente natural. Nuestra lógica, nuestra manera de medir las cosas, y hasta nuestra forma de juzgar, quedan completamente fuera de lugar cuando intentamos entender la gracia divina.
Porque la gracia no es simplemente un favor inmerecido —aunque lo es—, sino que es el reflejo de un corazón que ama sin medida, que se inclina hacia el ser humano sin que este lo merezca, que perdona antes de ser buscado y que restaura lo que otros desechan.