Vals de las Mariposas
Con el temor de ser consumida por la demencia senil, su tía abuela recurrió a su mejor amiga, con el propósito de cumplir una promesa. Evitando que se repitiera la historia de un viejo amor, y en franca cofradía, plantaron señuelos que avivaron las pavesas con la intención de librarla de la armadura de la crisálida que reprimían sus sentimientos más íntimos.
Nadia, era una psicóloga desbordada de empatía dedicada a enmendar las relaciones sentimentales de sus amigas, sin embargo, se anegaba en oleadas de encrucijadas de pasiones de la que precisamente planeaban rescatarla. Se aisló cejada por una decepción que le arrebató su sueño de felicidad. Aferrada a la terquedad con la complicidad de su orgullo, evadía la batalla que tomaba lugar entre su alma y corazón.
Sin embargo, las historias surgidas de las fotografías en los álbumes familiares, el cofre rebozado de prosas con olor a tiempo, la fragancia de unas flores y una mirada celosa, atizada por una entrañable amiga, evitaban el naufragio al que su sendero la llevaba. Eliana se convirtió en el arma que destrozaría las nubes grises que osaran privarla de su felicidad.