Perpetua brevedad
PERPETUA BREVEDAD.
LA PALABRA ES UNAS EVANESCENCIA DE IMÁGENES.
Por. Vilma Sastre, escritora argentina, escritora argentina.
Así definiría el poemario de Fausto Antonio Aybar Ureña.
Sus poemas nos remiten a un lugar de meditación, o de sosiego, o de calma, también de agonía. Los tres versos, a veces cuatro o un poco más, son escenarios estáticos donde la palabra nos sitúa en un lugar donde el yo poético descarga su recuerdo, su melancolía, su mirada eterna. Allí lo cristaliza y quedará para siempre.
XLVI
Bahía que ruge,
gigante dormido,
el mar.
Las palabras presentan por sí mismas cierta luminosidad que al conformase en un poema, se re significan y estallan en uno de los poemas más bellos que elegí de este texto magnífico, donde el vientre de la mujer indeleble representa el universo todo.
XL
Si por el contrario
despierto en otra constelación, nunca olvidaré
que me gesté en tu vientre.
Mujer, indeleble
flor del universo.
Todo tiene su ritmo, su lugar, su gráfica. Las palabras no fluyen alocadamente, la pluma del escritor se encargó premeditadamente de darle el sitio exacto a cada verso, de continuarlo y rematarlo en el umbral de la vida.
Hay tanta reminiscencia al mar, que soslayamos que el contacto ha sido frecuente y el viaje al centro mismo de ese lugar, es crucial y preponderante.
a menos de una legua
silban las olas.
Seguimos citando, sin presentar todo el poema, de forma que el lector pueda abarcarlo en toda su completitud.
gigante dormido,
el mar.
En otra cito: Al bostezar las olas,
resacada la noche,
una sirena emancipada
llora su virginidad.
Percibo un cierto olor
a mar en tu piel,
Todo este paisaje aparentemente exterior, esconde un sinuoso origen interior, donde la memoria juega a las escondidas con el tiempo del poeta. Hay un sitio, una imagen vívida que nos trae el recuerdo, lo deseado y se recobra mediante la palabra, esa evocación constante de un escenario pasado que se reivindica a través de la voz del poeta. Son maravillosas sus definiciones:
Nosotros,
una lágrima en el universo.
Maná liquido
Hay también una pulsión dramática que muestra como detrás de lo estético del lenguaje, hay también una emotividad que se resume en una historia inmediata y eterna.
Reprimido el llanto,
vuelve el eco
como rayo veloz a mi boca,
residuo de lágrimas
emana de la noche caída
Esta voz, la del poeta Fausto Aybar, tiene registro propio, personal y exclusivo. Su yo poético se desangra, se enaltece, sucumbe y se reinventa. Y en todos los casos alcanza con sus mínimos versos una intensidad que cala profundamente. Resalto este último, que define a su autor:
El mar,
no es azul,
no es verde,
es cielo.
El cielo.
no es nube,
no es viento,
es universo perpetuo.
Lo perpetuo,
no es carne,
no es eco,
es erosión de lo fugaz.
Este mundo es, entonces, ese mar de símbolos donde Fausto abreva, toma desde el cuenco de su mano y las palabras brotan infinitas, como ese mar tan presente en su poesía y lo interpreta desde la sensibilidad, lo susurra en sordina, lo huele con su paladar tibio en esa geometría de abecedario ecléctico. Realmente me resultó un placer leer este poemario, sumergirme en todas sus dimensiones y emerger donde el alma se ensancha