Cuento de los dos Quijotes
Cuento de los dos quijotes, de Leopoldo Minaya, es una pieza dramática que recupera el mito cervantino para devolverlo al niño lector (y al niño interior que subyace en el adulto) con hondura lírica, ética y alegórica. Este cuento compite dignamente con los mejores textos infantojuveniles universales y de la lengua española en particular.
Su lenguaje es cuidado, rítmico, pulido hasta el último acento. Igualmente, su tono es elevado, aunque siempre en sintonía con la sensibilidad y la comprensión de un lector juvenil. No enseña desde el púlpito, ni desde la moraleja impuesta, sino desde el juego teatral que se eleva a fábula.
Aquí el Quijote es el caballero andante de la locura lúcida. Busca un aire «limpio, limpio, limpio», limpieza que es símbolo de la verdad, de la justicia y de la inocencia perdida. Esa insistencia en la pureza es uno de los gestos poéticos poderosos del texto.
El cuento es de cuidada confección, musicalidad constante. Se coloca con derecho propio a la altura y en la línea de los textos de José Martí, y de ciertas parábolas dramáticas de Javier Villafañe. Su universalidad no reside en el tema (el Quijote) sino en su enfoque: la aspiración a una justicia que es soñada y actuada desde la infancia.
Cuento de los dos quijotes es, dentro y fuera del corpus infantojuvenil de Leopoldo Minaya, una obra mayor del género al que pertenece. Conmueve y eleva, sin perder de vista a su lector joven, y sin ceder a la tentación del facilismo creativo. Es alta literatura encarnada en la forma de cuento juvenil, poesía teatral y propuesta ética. Y es, sobre todo, una afirmación de que, mientras exista un niño capaz de soñar lo justo, el Quijote vive todavía.
Javier Balcácer,
Barcelona, 2001