Una Luz que nunca se apaga
Testimonio de una madre
Perder un hijo duele profundamente al punto de que a partir de ese instante se vive distinto, se piensa y se siente diferente, y se camina por la vida de otra forma. Es un dolor que nos transforma y no perime, y nunca seremos los mismos. Es un sentimiento con el cual aprendemos a vivir.