Sanando a Eva
Soy Eva, símbolo de la primera y la última, la eterna figura mitificada por historias que me preceden y me distorsionan. Soy la que fue nombrada y señalada, convertida en origen del pecado y portadora de culpas ajenas, atrapada en una narrativa que me niega pureza y bondad. En mí se proyectaron inseguridades ancestrales y juicios de valor que aún resuenan como condenas, mientras lucho, sin tregua, por reconciliar mis versiones, por hallar descanso en mi imperfección sagrada, expresión viva y legítima del universo.
He caminado entre saberes antiguos y contemporáneos, entre creencias y ciencias, dialogando con lo místico y lo racional, en una búsqueda incesante de sentido. Soy un cuerpo y una conciencia atravesada por múltiples corrientes, una heredera de sabidurías olvidadas y cuestionamientos eternos. No traigo respuestas, sino preguntas fértiles que se abren como espirales infinitas; y si algo afirmo, es que la humanidad está llamada a despertar, no bajo dogmas, sino bajo una nueva conciencia, libre, imperfecta y profundamente humana.