El jardín de los aromas mágicos
Prólogo Plantas que curan y cuentos que enseñan
Decía Hipócrates, el padre de la medicina occidental: “Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento”. Y nosotros bien podríamos agregar hoy, al presentar este libro: que tu cuento sea tu enseñanza, y que esa enseñanza florezca en tu vida y en la vida de quienes te rodean. Este libro que tienes en tus manos nació de una semilla que parece mágica, porque es capaz de producir germinaciones infinitas, y esa semilla es la curiosidad de los niños. En este caso, su curiosidad por las plantas, sus aromas, sus colores y, sobre todo, sus poderes. Una curiosidad que despierta la imaginación y también la memoria, el respeto y el vínculo con la Tierra. Es como un jardín tejido con palabras por personitas que, empezando a vivir, ya han descubierto algo esencial: que la naturaleza se contempla, se escucha, se respeta y de ella se aprende, porque es el mayor patrimonio que hemos heredado de nuestros padres y que dejaremos a nuestros hijos. Y es precisamente ese patrimonio el que este libro busca preservar y compartir, a través de lós ojos de quienes están aprendiendo a nombrarlo por primera vez.
Cada cuento que encontrarás aquí fue escrito por niñas y niños que, además de soñar, preguntaron, investigaron y aprendieron sobre las plantas medicinales. Esos saberes, antes susurrados por abuelas y curanderas, hoy renacen en palabras infantiles que nos invitan a mirar con ojos nuevos aquello que crece a nuestro alrededor: una flor de manzanilla, una hoja de tilo, el olor del orégano… Más que una recopilación de historias, este libro es una invitación a volver a lo esencial, a retomar la capacidad perdida de observar.
Los textos que componen este volumen titulado El jardín de los aromas mágicos, como uno de sus cuentos, surgen de un proceso de aprendizaje integral propiciado desde el año 2011 por la Fundación Propagas, en la persona de Rosa Margarita Bonetti, cariñosamente, Doña Pirigua. Ella esta cónvencida de que “Sin educación, no hay política ambiental posible”, y apuesta por educar y crear conciencia en todas las personas, comenzando por los más jóvenes. Por eso decimos que los cuentos aquí reunidos, además de enseñarnos que las plantas curan el cuerpo, también fortalecen vínculos, inspiran valores y tejen identidad.
En tiempos donde lo artificial parece ganar terreno, estas páginas celebran lo natural, lo ancestral, la sencillez. Y lo hacen desde las voces más honestas: las voces de los niños, que escriben con asombro y ternura, pero también con conciencia. Porque enseñar sobre plantas medicinales es formar personas que se cuidan, que cuidan a otros y que respetan la vida en todas sus formas.
En nuestro mundo, donde la tecnología avanza con velocidad vertiginosa, necesitamos volver a conectarnos con el origen, porque un niño que conoce el nombre y el uso de una hoja de salvia o del jengibre, es un niño que mira el mundo con curiosidad y respeto. Un niño que aprende a reconocer el romero, la menta o la albahaca, amplía su conocimiento y además desarrolla sensibilidad hacia la biodiversidad y el equilibrio del ecosistema. Introducir el estudio de las hierbas medicinales en la educación, es curar nuestra ceguera botánica y a la vez cultivar valores culturales y comunitarios. Muchas de estas prácticas están profundamente ligadas a las tradiciones locales, a las historias que se cuentan en el campo, a los saberes de los abuelos. Enseñarlas, es una forma de revalorizar nuestra identidad cultural y de resistir el olvido.
Este libro es, entonces, una ofrenda. Un pequeño herbolario narrativo para lectores de todas las edades. Que cada cuento sea una hoja que se abre, una raíz que conecta, una flor que nos recuerda que la naturaleza no solo nos rodea, sino que nos abraza. Esperamos que estas historias sean leídas en voz alta; que abran conversaciones en las casas, en las escuelas y en los parques. Que inspiren a plantar, a cuidar y a recordar. Porque cada niño que aprende a reconocer y utilizar una planta medicinal, crece siendo un guardián de la Tierra.
Sean, pues, bienvenidos a este jardín narrativo donde las palabras sanan y las plantas cuentan. Aquí comienza el viaje.
María Amalia León Cabral