Llanto, savia y pensamiento
La estructura cultural de nuestra sociedad y quienes sostienen y dan
sentido al tradicional modelo de relación entre hombres y mujeres
insisten y nos presionan con que tenemos que parir porque es nuestra
obligación; a su vez, las mujeres hemos encontrado otras formas de
hacerlo y reproducirnos. Así es. Cada vez que una mujer se atreve a
soñar, escalar, inventar y producir desde su propia directriz social
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mente, cuesta tanto como un embarazo que llega a labor de parto.
Este libro de poemas lo he parido. Me ha dado vértigos, sofocos, dolor,
he invertido; pero también me genera mucha ilusión y me produce una
inmensa alegría. Ha sido un embarazo largo; algunas piezas datan de
veinte años atrás. Se gestaron en servilletas, en hojas rasgadas de un
cuaderno prestado, en fundas de papel para cubrir botellas; y llegaron
a mí con el aburrimiento que generan ciertas cátedras universitarias,
sentada en el metro de Santo Domingo frente a una pareja que se
besaba, parada en una la de banco, en medio del ruido de una esta,
en el balcón del departamento de soltera de mi mejor amiga losofan
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do y tumbada en mi cama agonizante de a mor por la idea del amor.
Cada poema es una historia, me contiene como esencia, más allá de la
persona. Revela una profundidad, un nivel de sensibilidad y una
forma de leer el mundo que fui conociendo a medida que nacía cada
pieza y con ella yo misma. En denitiva, la lectura de este libro es un
viaje por el torrente de las emociones humanas desde la barca de una
mujer, donde cada pieza es una estación diferente que conduce al
lector a sentir sus propias emociones y le reta a explorar y resignicar
el sentido con el cual se escribió