Herederos del viento
Poemas de migración y resistencia
Antes de que el sol se desbordara sobre el Caribe, antes de que el azúcar dibujara su espejismo blanco sobre los ingenios dominicanos, antes de que los Guloyas rasgaran la noche con sus plumas como antorchas danzantes, hubo un instante silencioso, casi mitológico, en que el mar abrió sus costillas de sal para dejar pasar un pueblo entero.
Un pueblo hecho de islas diminutas y corazones inmensos, de costas erosionadas por la historia y almas templadas por el viento. Llegaron como quien trae una plegaria entre los dientes, como quien carga en una maleta de madera toda la geografía emocional de su linaje. No venían huyendo, venían emergiendo.
Los Cocolos no arribaron a la República Dominicana…los Cocolos acontecieron. Fueron un suceso del destino, una sedimentación del espíritu africano en su viaje interminable por el Atlántico, una grieta luminosa en la memoria del Caribe que aún hoy reverbera.