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ISBN 978-9945-661-16-3

Azabache
Y aquel verano eterno

Autor:Grisolia, Marina
Editorial:Amigo del Hogar
Materia:Literatura Dominicana
Clasificación:Estudios literarios: ficción, novelistas y prosistas
Público objetivo:General
Publicado:2026-01-30
Número de edición:1
Número de páginas:110
Tamaño:21.59x25.4cm.
Precio:$1.500
Encuadernación:Tapa dura o cartoné
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Era el inicio de la década de los 80 y aquella hermosa yegua de pura raza, por un accidente del destino o quizás por exceso de entusiasmo, se enredó con aquel garañón mitad bueno, mitad porquería. De aquella malhadada unión nació un hermoso potrilla que por su mezcla de calidades correspondía a lo que en el argot caballuno se conoce como un¾ pura sangre y que en términos de mulataje es un cuarterón.
Su infancia y primera juventud fueron plácidas y transcurrieron en los predios del dueño de su madre, la yegua exquisita que tuvo aquel desliz de juventud. Al cabo de pocos años de verdes pasturas, buenos granos y mucha agua Azabache no había crecido mucho, no que fuera pequeñín, pero tampoco podía ser llamado un caballazo; sin embargo, era realmente apuesto y el intenso negro de su pelaje, el detalle de una única pata blanca y sobre todo su cola, esta si era maravillosa, negra, copiosa, de pelo fuerte, lustroso y rizado y tan larga que a veces se la pisaba, lo hacían distinguirse de los demás habitantes del establo.
Es obvio suponer que además de su apostura era de gran ayuda el hecho de que su madre, aparte de la única acción casquivana que tuvo en su vida y de la cual fue fruto nuestro Azabache, era un animal muy querido por su dueño ya que podía mantener un galope estable y un paso envidiable, además de su carácter suave y amable, condiciones todas que la hacían perfecta para que aprendieran a montar los nietos del propietario de la finca. Así que todo esto hizo posible el buen trato que todos le dieron siempre, que fue el mismo que desde su nacimiento disfrutó su vástago a pesar de ser un error de juventud de su hermosa madre. En fin, estas fueron las cosas que se confabularon y facilitaron que Azabache fuera uno de los primeros caballos en ser adquiridos para la gran aventura que se conocerá y perfilará más tarde en esta historia

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