Asesinos Silenciosos
Una Decisión puede cambiar tu destino
Heridas invisibles
No todas las heridas sangran. Algunas no dejan.
Marcas en la piel ni se anuncian con algarabía. Están
ahí… ocultas, disfrazadas de calma, cubiertas por
la rutina. Sin embargo, duelen. Y muchas veces,
duelen más de lo que imaginamos.
Así fue mi experiencia: una herida que no se veía, pero
que supuraba lentamente en mi interior.
Todo comenzó con una ruptura. Un proceso de dolor
que no nació de personas extrañas, sino de quienes estaban
cerca. De aquellos a quienes se les confía el corazón, a
quienes se les honra y se les da un lugar especial.
En algún punto, algo se quebró. No supe decir
exactamente cuándo ni cómo ocurrió; solo fui testigo de
un cambio que llegó sin aviso. La cercanía fue reemplazada
por la distancia, y el trato se volvió frío, distinto, difícil
de comprender. Palabras sueltas y actitudes ambiguas
comenzaron a hablar más fuerte que cualquier explicación.