La ovejita escogida para el ministerio
Hay vidas que no se explican por las circunstancias,
sino por el propósito que las sostiene.
Este libro no nace del deseo de contar una historia
personal, sino de reconocer la fidelidad de Dios
a lo largo de cada etapa. Desde la infancia, en
un pequeño campo de nuestra amada República
Dominicana, el Señor comenzó a trazar un camino
que, aunque no siempre fue comprendido, siempre
estuvo guiado por Su mano soberana.
Ser escogida para el ministerio no significó una
vida libre de pruebas. Al contrario, el llamado
vino acompañado de lágrimas, pérdidas, desafíos
económicos, incomprensiones y momentos que
humanamente parecían imposibles de superar. Sin
embargo, en cada proceso hubo una constante: la
presencia inquebrantable de Dios.
Desde niña aprendí a amar el altar. Aprendí que
servir no es un privilegio humano, sino una
responsabilidad divina. Aprendí que la obediencia
muchas veces duele, pero siempre produce fruto.
Y sobre todo, entendí que cuando Dios llama, Él
mismo respalda.
Estas páginas relatan la formación espiritual de una
niña marcada por el Espíritu Santo, el despertar
del llamado en medio de una vigilia inolvidable,
los años de preparación, la vida pastoral junto a
mi amado esposo, el reverendo Uladislao Mateo,
el dolor profundo de la viudez y la transición
inesperada hacia un ministerio que jamás pensé
asumir sola. También narran el nacimiento de una
iglesia con visión comunitaria y misionera, y los
milagros que sostuvieron nuestra fe en medio de
ciclones, enfermedad y escasez.
No escribo estas líneas para exaltar mi nombre. Si
algo demuestra esta historia es que Dios se glorifica
usando vasos frágiles. Él no busca perfección
humana; busca corazones disponibles.