Mar-abrazo
La poesía llega como arma de creación verbal al espíritu, al corazón o a la memoria. Hiere la piel: sirve de refugio o cura las heridas del abandono y de la separación, en las relaciones amorosas. Se agazapa en la sombra del perdón o la culpa. Gracias a la poesía, el ser masculino o femenino, se libera o logra la catarsis, que impiden la locura y el suicidio o que posterga la muerte. Representa un sentimiento eterno, que habita la vigilia o el insomnio. Busca la identidad perdida y, casi siempre la encuentra, aunque sea rota, en el ser psicológico de la mujer o del hombre. La escritura poética, pues, sirve para combatir el desarraigo existencial y desnudar la tristeza, la abulia, la melancolía o la vanidad. En este poemario, Mar-abrazo, el yo lírico de Arelis Taveras Collado, se desnuda valientemente en la palabra, entre el silencio y la sangre fría. Sus versos entrecortados poseen un sorprendente dominio del ritmo, con una musicalidad cadenciosa, sobria, serena, y de reflexión conceptual profunda. Ese sentido rítmico del poema —tan escaso en poetas, aun de madurez— representa un río de agua fresca y de ternura —y acaso de inocencia— que se transfigura en experiencia de mujer sensible al amor, a las injusticias sociales y a la vida humana misma. Estos poemas, intimistas, amorosos y sociales, están matizados por visiones y presencias de huidas y retornos, temores y búsquedas de «mujer rota», que navega entre el amor y el desamor, la empatía y el desapego, el abandono y la autonomía de carácter. Como mujer y poeta, combina lo vivido, lo soñado, lo deseado, lo olvidado y lo recordado, en un abanico, simbólico y temporal, de la imaginación y la memoria, el pasado y el deseo.