Un Dios que se nos Comunica
El arte divino de tender puentes
Todo lo que somos empieza en una conversación. Antes de caminar, antes de pensar siquiera, ya nos estaban hablando: la voz de una madre, el latido escuchado desde dentro, las primeras palabras que alguien nos regaló sin pedir nada a cambio. Llegamos al mundo porque alguien, antes que nosotros, quiso comunicarse. Y nos hacemos personas, de verdad, solo cuando aprendemos a responder.
Este libro nace de una intuición sencilla y, a la vez, enorme: que Dios es, antes que ninguna otra cosa, alguien que se comunica.
Conviene medir bien lo que esto afirma, porque va contra una idea muy extendida. Mucha gente, creyente o no, imagina a Dios como un ser distante: una causa primera que puso el mundo en marcha y luego se retiró, un relojero que dio cuerda al universo y se desentendió de él. Un Dios que existe, sí, pero que no habla, no interviene, no se mete en nuestra historia. Un Dios mudo, lejano, encerrado en su propia perfección. A esa idea los filósofos la han llamado deísmo, pero no hace falta el término para reconocerla: está presente en quien dice que algo habrá ahí arriba, pero que ni nos ve ni le importamos.
El título de este libro es, antes que nada, un rechazo de esa imagen. Un Dios que se nos comunica es justo lo contrario del Dios distante. No es un espectador silencioso del mundo: es alguien que sale de sí, que habla, que se acerca, que se entrega. Toda la fe cristiana puede leerse como la larga refutación de ese Dios mudo: desde la primera palabra de la creación hasta la Palabra hecha carne, lo que se nos cuenta es la historia de un Dios que no se cansa de tender puentes hacia nosotros. Como afirmaba el maestro Eckhart, Dios es lo más comunicable de todo.
Durante años estudié teología recorriendo sus grandes
territorios: el misterio de Dios, el ser humano, las Escrituras, Cristo, la Iglesia, las realidades últimas. Y poco a poco descubrí que había un hilo capaz de atravesarlos todos, de coserlos en una sola tela: la comunicación. Porque si uno se detiene a mirar, toda la fe cristiana es la historia de un Dios que no se cansa de tender puentes hacia nosotros.