Historia del niño René Rosales y de la flauta encantada
Historia del niño René Rosales y de la flauta encantada es una obra singular dentro de la poesía infantojuvenil hispanoamericana. Poema narrativo dividido en cantos, este texto articula una estética de lo maravilloso con una profunda sensibilidad espiritual, sin descuidar el rigor formal ni la claridad expresiva. Su protagonista, René Rosales, es un niño flautista cuya música desencadena milagros, transforma la vida de su pueblo y perdura incluso después de su muerte, en una atmósfera de ternura, asombro y trascendencia.
En el plano literario, la obra se sostiene por su lirismo constante y un dominio natural del ritmo y la imagen poética. El texto emplea un lenguaje claro, musical, no afectado, y alcanza momentos de sublime belleza, como en la visión del Misterio que cabalga para encontrar al niño, o en el emblemático verso reiterado: “pero la flauta tocaba”. Esta frase, que opera como leitmotiv, simboliza la persistencia del arte, de la inocencia y del alma humana más allá de la muerte.
Uno de los mayores logros del poema es la capacidad para hablar a distintos niveles. Para el lector joven, ofrece una historia accesible, emotiva y cargada de imágenes inolvidables. Para el lector adulto propone una lectura profunda sobre el poder del arte, la memoria, la muerte y la comunicación espiritual. El texto bordea la altura de obras como El principito de Antoine de Saint-Exupéry, La composición de Antonio Skármeta, o incluso Piedra de sol de Octavio Paz, en cuanto a la fusión de la representación con la afectividad, aunque con un registro mucho más enfocado en la modalidad infantojuvenil.
Comparado con otras obras de la poesía infantil y juvenil hispanoamericana, el poema de Leopoldo Minaya destaca por su ambición estructural. No se trata de una colección de poemas breves ni de un relato en prosa poética, sino de una composición extendida, con una arquitectura narrativa dividida en episodios que avanzan desde la infancia cotidiana hasta lo sobrenatural. Esta dimensión lo acerca a ciertos modelos de la tradición oral afroantillana y cristiana, donde el arte, la fe y lo popular se entrelazan en una experiencia total.
El texto logra, además, integrar referencias culturales y geográficas concretas (Nagua, el Yuna, Las Terrenas, El Factor) que anclan la historia en el territorio dominicano sin menguar su universalidad. Esta técnica lo emparenta con autores que escriben desde lo local para alcanzar lo universal. Además, la inserción de una figura como el catequista o el poeta-personaje que interroga a la flauta, remite a una tradición espiritual que recuerda tanto la poesía mística como la narrativa hagiográfica.
Historia del niño René Rosales y de la flauta encantada es una obra de alta calidad literaria, tanto por su factura formal como por su profundidad emocional: pieza que puede conmover, acompañar y elevar al lector joven, y que merece un lugar entre los textos fundamentales de la poesía infantojuvenil de Hispanoamérica y del Caribe hispano. Como toda buena literatura, trasciende su categoría de “para niños” y se ofrece como un himno sencillo y limpio a la belleza que persiste, incluso cuando todo parece haber callado.
Elizabeth Soroka
New York, 2003