Juan Bosch
Cuentos Para Los Más Chiquitos
Por muchas cosas grandes que se hagan, no se tiene derecho a ser vanidoso; pero el General Don Gallo no lo creía así. Verdad que era muy gallardo, con sus plumas brillantes, sus barbas y su cresta roja y su cola de mil colores, pero esto no bastaba para que se creyera, como se creía, lo mejor del mundo.
El General Don Gallo era de El Seibo, y por eso andaba siempre con su gran machete a un lado, además de las dos finas espuelas que usaba constantemente contra sus compañeros.
Un día, mejor dicho, un amanecer, el General Don Gallo se plantó en una cerca, batió las alas sonoramente, y cantó con todas sus fuerzas:
—¡Yo soy el más guapo!
Y como nadie le contestó, se fue a hacer la rueda a la señorita Polla, una gallina blanca y jovencita, que era, por aquellos días, su más grande preocupación.