Juán Bosch la palabra y el eco
La semblanza, el diálogo, la tertulia con Ramón Colombo
Cuando José Laguna Sánchez, molesto por mi terca renuencia a ser periodista, logró en enero de 1967, en México, publicar en su revista “Hoy en Día” mi aberrante primera cuartilla, heroicamente corregida por él mismo, no pensé que en el trayecto de esta larga historia de hechos, vivencias y personajes, se me presentaría alguien que había decidido vivir una novela muy suya, pero que quedaría irremediablemente inédita por la sencilla razón de que a él nunca se le ocurrió escribirla. Es más, tengo la sospecha de que no se dio cuenta, o quizás no aceptó el hecho, de que él era el protagonista más idóneo de una gran novela histórica.
Pues digo que narrar su vida por él mismo, sin agregar más palabras, sin poner más imaginación ni sumar audacias y sin sumar más pasión, hubiera significado quizá la novela más amplia y grandilocuente, y de mayor calidad testimonial del siglo veinte, desde su nacimiento hasta su muerte, que es lo mismo que desde el nacimiento de nuestro personaje hasta su propia muerte (que se produjo precisamente después de presenciar la muerte de su propio siglo).