Cementerio de cerezas
Pedro Pablo Fernández no se ha arredrado ante las críticas ni ante las dinámicas poéticas al uso. El erotismo es materia de todos los tiempos. Él ha hecho el juego, con sus cruzamientos y trucos; mezclando la palabra incivil del poeta maldito con las claves de un lenguaje vegetal, acuoso, húmedo como el objeto que lo origina; de ahí, sus vocablos recurrentes, formadores de un verdadero código de significantes en esta poesía: espejo, gelatina, humedad, túnel, jabón, aceite, mayonesa, leche, queso.
Poeta de la ciudad, de urbe, Fernández ha dejado ya herencia sólida dentro de la poesía dominicana, guste o no. Su comunión definitiva con el apellido del deseo, y con su nombre innombrable, hace de su poesía una verdadera ceremonia del erotismo, sin igual en la literatura nuestra.