Otra forma de sangrar
A la orilla del tranvía
descubrí tu cadáver
atravesado por la brisa
de esta hedionda ciudad,
tus ojos estaban abiertos,
por ahí se te escapó la vida
y tu risa parecía una mancha
sobre este cielo de abril.
¿Quién lo hizo? no sabemos
y no lo sabrán nuestros hijos,
no nos importa la valoración histórica
o cuántas figuramos en las páginas
que amontona la ciencia,
pero tenemos memoria
y nos vimos sangrar unas a otras
mientras el mundo hacía
desfilar a nuestros verdugos.
Grito como mujer
de piernas desechas,
y labios hinchados,
con la blasfemia metida
en mis entrañas, con todas
las bestias vociferando mi nombre
a la espera de mi carne.