Arquitectura del olvido
Leer este libro es, ante todo, asistir a un despojamiento. Tras recorrer las páginas de Arquitectura del olvido, de Rosa Santos, queda la sensación de haber presenciado cómo el tiempo marca la vida.
En este segundo poemario, Rosa no intenta explicarnos su experiencia; prefiere rozarla desde los bordes, en esa tensión constante por nombrar lo que siempre se nos escapa. Aquí el lenguaje deja de ser un simple vehículo para volverse materia: luz y ceniza que golpean el cuerpo antes que el pensamiento.
Al avanzar, se percibe una fricción muy vallejiana: esa sensación de que, cuando la palabra ya no alcanza, no queda más remedio que volverla carne. El libro nos propone un viaje real: parte de una verticalidad mística, se ensucia las manos en el pulso humanista del barro y el oficio, transita por el grito de la crítica social y desemboca, finalmente, en una geografía del desapego.
No sentí que Rosa buscara erigir un monumento con sus versos, sino, más bien, abrir un hueco en nuestra percepción. Al cerrar el libro, uno descubre que lo que queda no es el vacío, sino una forma de transparencia. Es, en definitiva, una ruta de lectura necesaria para quien quiera ver el mundo con una claridad distinta.
J. V. M.