El esperma de la sal
«Aquí, entonces, hay un valeroso coqueteo con el desastre. Un artefacto, una nave sofisticada (y no del todo probada) que se lanza al mar sin temor a naufragar. Los que la han sostenido en sus rodillas dicen que la belleza es poca cosa. Una vez que se tiene en claro que no hay redención en la belleza hay que osar innovar, distorsionar, abrazarse a lo extraño, zambullirse a las olas para nadar con las tiburonas en la tempestad. El resultado de tanto arrojo, en este caso son versos de un gusto retorcido, el equivalente verbal a una súbita bocanada de agua salada, un agua marina caribeña tal vez, invadiendo la lengua y el paladar para salir eyectada a chorros por las fosas nasales sin piedad. Queda sal en la saliva. Estos poemas nos dicen: a la belleza hay que sumergirla en salmuera. Esa es la única salida.». —Martín Gambarotta