Jaque mate
Premio Anual de Cuento José Ramón López 2019
—¡El pipo, coooñooo! —se escuchó después de que el impacto provocó que las carrocerías de los vehículos se deterioraran. No hubo muertos. Los pasajeros lastimados lloraban por el dolor y los curiosos hablaban del ruido de los neumáticos cuando frenaron y del golpe que sonó como explosión de bomba molotov. Adelfino presenció el accidente en el instante en que la esposa con el Honda Accord se estacionaba en la esquina del parque Ercilia Pepín. No comprendía por qué era tan fácil sufrir accidentes, si las normas eran conocidas por los conductores y la prudencia era lo importante. “Es absurdo que existan los accidentes. Debería existir un método que modifique la realidad y la mejore”, pensó. Se dirigió como todos los sábados al banco donde sus amigos jugaban ajedrez. Los jugadores escucharon los sonidos y ruidos que son característicos de los accidentes y no hicieron caso. No les interesaban los vehículos transitando, las aceras ocupadas por transeúntes, los barrotes del parque en proceso de corrosión, los enamorados, los niños, los vendedores de frutas, ropas usadas y celulares que pertenecían al mundo circundante. Ese mundo no les importaba, sino ese otro gobernado por el silencio y a través de ese silencio que existía entre ellos se comunicaban sus pensamientos con los movimientos de las estatuillas colocadas en los colores predeterminados del blanco y el negro del banco hecho de granito.