Al final del camino
Poemas a dos voces
Poesía hay, desatada y tibia como la sangre, cuyo
poder de sugestión y emplazamiento no es resorte de
sofisticados artificios retóricos sino de la casi inexpli-
cable eficacia de un decir espasmódico, convulsivo, en
el que la emoción, desembozada, se revuelve y crepita.
La hay también deleitosamente misteriosa, apacible,
diríase que surgida del espejismo de un sueño que
hechiza y embelesa a manera de melancólico claro de
luna sobre la faz letárgica de un apartado lago bordea-
do de álamos frondosos. Y no falta, por supuesto, aque-
lla que, en virtud de extraña operación metamórfica,
logra que las palabras triviales y manidas del lenguaje
coloquial que todos utilizamos adquieran de repente
inédita fisonomía que no sospechábamos pudieran ex-
hibir, viso que por modo imperativo reclama la mara-
villada atención del que la escucha o lee...