La vida no tiene nombre & nosotros los suicidas
En efecto, La vida no tiene nombre es el relato
psicológico, el drama épico de un hombre marcado
por un complejo de anti Edipo, y a quien
su pasado no lo deja vivir en paz. Su destino será
pues un eterno desasosiego. Vivió atenazado por
el rencor y el odio. Fue guerrillero durante tres
años, fugitivo y testigo de múltiples fusilamientos.
Fue herido seis veces en su travesía por toda
la geografía dominicana. Es capturado al regresar
a casa de su padre en busca de su herencia, y es
fusilado por el ejército de ocupación.
El humor de Nosotros los suicidas aligera lo trágico de quitarse la
vida al plantear que los asesinados por una dictadura se consideren suicidas
como logra establecer la lógica del relato.
La dictadura le permite al narrador sacar a la luz las denuncias y otras
bajezas humanas que los regímenes de fuerza exacerban en el individuo.
Alejandro Rodrigues solicita pues a la Federación Mundial de Suicidas
reunida en Bélgica que se le reconozca, además de víctima, como suicida.
Fue denunciado como opositor al gobierno dictatorial de Portugal por un
prestamista convencido de que no le saldaría su deuda. Según su abogado:
“En las dictaduras una bala gubernamental es siempre un accidente”.
Entonces se pregunta: “No ha de considerarse [su muerte] como uno de
los suicidios más inteligentes acaecidos hasta el momento”