La lucha espiritual
Los enemigos del alma y las armas de la luz
Afirman las Escrituras que “la vida del hombre sobre la tierra
es una milicia” (Jb 7,1), una lucha continua no solamente contra
las fuerzas destructoras de la naturaleza, los poderes terrenales que
amenazan la existencia o los problemas sociales que afligen a los
humanos, sino también contra las potencias celestes que hacen la
guerra a los hijos de la luz. Pablo de Tarso, poco antes de morir,
hace el balance de su ministerio apostólico utilizando metáforas
de las competiciones atléticas: “He sostenido el buen combate, he
terminado mi carrera, he conservado la fe” (2Tm 4,7). Tras fatigosas
y largas batallas, el Enemigo no ha podido arrebatarle su bien más
preciado: la fe. Por eso recibirá como recompensa de manos del
Señor “la corona de la justicia” (v. 8).