La isla repetida
El hombre que bajó del taxi frente a la casa señorial ubica-
da en la avenida Lincoln, en el Bronx, era rubio, de ojos
verdes y tendría algo más de setenta años. Vestía un traje gris,
camisa celeste, corbata roja y llevaba un portafolios de cuero,
de diseño antiguo. Se detuvo un momento frente al cartel de
madera en el que estaba escrito, en español, inglés e italiano:
Siervas Discípulas de Jesús Sacramentado; y luego caminó por
un espacioso y cuidado jardín donde dos hombres morenos
hablaban en espanglish mientras reparaban un aspersor que
parecía estar obstruido.