Huellas de amor
Es Huellas de amor, dicho sea en remate, un concierto de formas y tonos suaves emanados de la espigada y curva, pero no menos firme línea dibujística de Félix Gontier, empujado el artista, tal vez, por un desliz de Afrodita o un resabio de Freud. Concierto, también, del idioma, que va remontando los acordes de una sinfonía compuesta para el cuerpo y su belleza, para el sexo y su eterno candor enfurecido.
Cantar al amor en tiempos de oprobio, y de qué magistral forma, es una afrenta. O tal vez se trate de un desafío a nuestro aletargamiento, a nuestra inconmensurable vaciedad, a nuestra errática manía de tener y tener antes que ser y existir, mandando al ostracismo, en forma equívoca, todo cuanto pudiera brindarnos serenidad, gozo, contemplación y un verdaderamente fértil sentido de la vida.
No era justo que la magia de este singular vestigio amoroso se quedara en los 15 privilegiados que poseen las copias numeradas; o bien, en los afortunados que hayan alcanzado una de las 5 copias que constituyen los ejemplares no venales, y quizás algunas pruebas, al margen de las 10 serigrafías originales intervenidas por el artista y que esta conserva. No, no era justo. De ahí que puedan hoy los lectores tener entre sus dedos estas maravillosas páginas, dadas a la estampa para un público más vasto. Es por lo que el arte y la sociedad congratulan al artista visual y al escritor, de cuya bien orquestada invención brotó como una flor Huellas de amor.