Sor
En esta entrega el autor nos hace ver con detenimiento y claridad, que solo a través de este diálogo se encuentra la identidad propia y la de los seres que la rodean. Esta conversación a dos voces se realiza entre la Palabra con mayúscula, que habla desde el silencio y una palabra con minúscula que se articula en la voz de la poesía. Su palabra, es el intento irrenunciable de expresar lo inefable.
En la soledad silenciosa del poeta, este balbuceo se presenta a borbotones, con voces y silencios. Se entrega formalmente en pulsos caudalosos o reprimidos, espejos del ritmo interior de los sentimientos. Con clamores demandantes, remansos de serenidad o gemidos de nostalgia. Por eso distribuye los versos con pausas, en estrofas irregulares; los silencios, y preguntas abundan, y toda la forma denota el ímpetu de su urgencia comunicativa. El Verbo, la Palabra con mayúscula, lo ha llamado a un diálogo permanente e ineludible plasmados entre imágenes y ritmos, las vislumbres de esencialidad de los seres que se tornará, según las circunstancias.