Luis Urbáez
Más allá de la unción
Llevaban más de media hora tratando de abrirse paso entre aquella gran multitud, el calor era insoportable y percepción térmica, parecían duplicar la cantidad real de los grados, los cuales se convertían cada vez más asfixiantes:
—Creo que no lo vamos a lograr —dijo la mujer en tono de desánimo.
—Claro que sí —le respondió su esposo, tratando de levantarle el ánimo a su esposa.
Pero lo más desesperante en ese momento, no era el calor, ni el gran obstáculo de la multitud; sino los gritos desesperantes de la criatura que llevaba entre sus brazos.
Desde su nacimiento, aquel bebé había padecido mucho debido a una gigantesca hernia alojada en su ombligo, lloraba día y noche por la gran molestia y dolor que le causaba. Sus padres sufrieron mucho desvelo a causa del llanto de aquella hermosa criatura, y esto se hacía más fuerte, ya que no podían hacer nada por él. Pero ese día partieron de su casa buscando una solución definitiva, estaban buscando un milagro del Dios a quien le servían, por eso al igual que aquella mujer, que se abrió paso entre la multitud, para tratar de tocar el manto del maestro; también ellos como padres habían llegado a aquel estadio, buscando el milagro para su hijo, y el esfuerzo había valido la pena, porque ya para ese momento se encontraron frente a frente al evangelista que estaba ministrando en esa campaña.