Leona, o la fiera vidad
Desde el más pequeño de los insectos, hasta la escala apabullante de árboles enormes y tupidos, siempre respaldados por el bloque de montañas azuladas, los nombres de las hojas, de las plantas curativas, de las raíces, de las cárceles de selva húmeda, de los alimentos, tal y como los llaman en Quima, de sus ecosistemas, sus gentes, sus costumbres… te envuelven en un viaje retrospectivo, donde
no solo nuestra historia reciente, sino las huellas de “lo inicial”, se registran, se evidencian… y el río permanente, el río de la vida que arrastra, que vadea y se devuelve, que retoma su curso, como si las manos de la escritora fueran guiadas por Heráclito.
La escritura, casi barroca, de Leona o la fiera vida no le ha sido fácil a Ángela Hernández Núñez; la diversidad de mundos que abarca (el real, el imaginario, el deseado…) y lo heterogéneo del vocabulario que utiliza, han podido encontrar un equilibrio que hubiera parecido imposible a cualquier otro autor.
Jeannette Miller