Ruptura del tiempo
Parecería una necedad del computador contabilizar todo lo que vaciamos sobre sus páginas imaginarias. Seiscientas palabras personifican un número infinito para embadurnar una cuartilla, cuando lo que nos invita es la poesía y no la aritmética. Para el diccionario de la Rae, la poesía es la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra versificada o en prosa que se asume como arte, pues moldea los fluidos sensoriales que iluminan el entusiasmo o la nostalgia de un hecho vivido. Parafraseando a Mario Vargas Llosa quien tras emocionarse leyendo a Flaubert sostiene que el literato, escribe para librar sus obsesiones. Poetas como:Sor Juana Inés de la Cruz, Tagore, Rubén Darío, Lorca, Pedro Mir, Del Cabral, Mieses Burgos y otros de ayer y de hoy; encarnan genuinos líricos que pudieron arrancarle tajadas al alma y a sus vértigos cercanos a Dios; al amor y sus desvaríos; a la muerte y su granizada de olvido; al mar y su oleaje espumoso; al sol y sus fulgores cristalizados; al viento en sus andanzas continuas; a la luna con su mirada sincera; a la guerra, a la pobreza con su aluvión de cadáveres o al universo en su orgia circular. Todos, artesanos de la palabra como pensadores, engarzados a sus emociones lograron pincelar sus fulgores y convertirlos en obra de arte, de donde de retoñó la semilla de su poesía.
He publicado dos obras con matices poéticos, ahora entregamos Ruptura del tiempo en complicidad con mí adorada Marlene; yo en la primera parte, ella en la segunda, cada uno con su estilo particular en la contemplación de la vida por la fisura de edades; entre lo análogo y lo digital. Neófitos del género pero esforzados en el empuje de las ruedas del pensamiento bucólico nos ungimos del polen que la sensibilidad creativa nos permitió cosechar como alegres pseudos cultores de un género de comportamiento escurridizo. Lo expresado en esta piscina de palabras, no es más que un entusiasmo, una predilección por amor al estremecimiento íntimo, un sueño que aspira dejar una huella en nuestros caminos y que, aunque dicha memoria se diluya con el polvo de los años al menos simbolice un brindis con el néctar de la sangre, irradiación efusiva entre padre e hija. Tal vez cosechemos una chispa de ternura o quizás una vibración lúdica por parte de los ojos que osen asomarse al encuadramiento de estas páginas. Ruptura del tiempo podría ubicarse en las antípodas de las obras de los poetas citados, aunque si, compone un arcoíris temático sobre las sacudidas del amor, del alma, la naturaleza, la juventud, el fervor de madre y la vida misma; contenidos que acercan al lector a diferentes ángulos compositivos, liricos y polifónicos, pero de ningún modo pretende recoger aplausos ni lauros.
Me emociona la sabiduría y la cosmovisión creativa que floreció en algunos textos de Marlene: Si yo tuviera alas,/volaría buscando los misterios/dentro del más allá.Como el suspiro de un verso/mi alma se alimenta de amor y silencio; aunque al mismo tiempo sentí pulverizada mi alma cuando liberó la frase:“será el único, porque ya no me interesa escribir.”Me hubiese entusiasmado verla acentuar su ejercicio creativo;aunque reconozco que no está obligada a rendirse a mis sueños porque el éxtasis de la escritura debe brotar del enlace entre los sentidos y las sensaciones. Como no es oro todo lo que reluce, sentenció el Quijote, debemos aclarar que estas palabras no presumen un prólogo, exponen una descarga del fluir del alma que como rayo de sol al amanecer, destella en la gota de agua que hace equilibrio sobre el límite de una hoja.
Victor Escarramán H; 16/11/2023