Magdalena
Miguelina Medina parece vivir poéticamente la vida, y vivir poéticamente la vida es vivirla como la viven los iluminados, contemplativos y poetas que valoran el encanto de la naturaleza, disfrutan el fulgor de lo viviente y cantan sus intuiciones y vivencias de fenómenos y cosas como tributo al Padre de la Creación. Esta valiosa poeta oriunda de Sabaneta, Santiago Rodríguez, le canta a la vida y valora los detalles relevantes de la experiencia humana, como la casa donde se crio, el pueblo donde vivió y las experiencias que han iluminado su conciencia a la luz de lo viviente, que su lírica recrea junto al valor de la palabra que usa con propiedad y elegancia, así como el hecho de vivir y crear, que es su manera de enaltecer el Logos de la conciencia y resaltar el poder de la creación que pone en evidencia su sensibilidad empática y su conciencia sutil con la que exalta el sentimiento de lo divino en su lírica entrañable, por la cual esta valiosa poeta interiorista canta a lo viviente, que este poemario enaltece con su talento creador, así como su luminosa visión del mundo, cauce de su actitud edificante y amorosa, eco de la hermosa inspiración estética y espiritual de su talento creador.