Ventanales poéticos
En una antología no se trata de buscar coincidencias ni de establecer hilos comunes de los autores que aparecen en ella. Al no encontrarnos frente a la evaluación de un movimiento literario ni de una generación propiamente dicha, ese trabajo podría resultar frustratorio por lo infructuoso. Las generaciones poseen un hilo conductor común, al menos la época en que vivieron sus protagonistas debe ser la misma. La Generación del 98, nombre acuñado por José Martínez Ruiz (Azorín), y que fue tomado por la significación del año 1898, año en que España perdía sus últimos dominios de ultramar y, por tan infausto motivo para los españoles, fue denominado como el año del desastre, año en que la literatura necesitaba volcarse sobre la recuperación de la dignidad española dentro de sus propios dominios peninsulares, donde España buscaba reafirmarse como nación, ese fue el vaso comunicante de dicha generación. Por su lado, la Generación del 27 toma su nombre a propósito de la conmemoración en el año de 1927 del tricentenario de la muerte de Luis de Góngora. Como vemos, en ambas generaciones, las motivaciones fueron externas. En el caso de Estrambote, que conforma su matrícula fuera de fechas y de conmemoraciones importantes, el lazo de unión que lo justifica, es únicamente el amor a la poesía. ¡Y vaya qué dimensión de comunión poética!