Lilas sobre tierra árida
La ola se yergue contra el arrecife pero no lo derriba. Un
hombre mira al horizonte con el rostro curtido por la sal. El
mar es inmenso frente a la roca y al coral, pero no los derriba.
El hombre no mueve los ojos anclados a la distancia. La ola
restañe contra el arrecife que no hace más que detenerla. El
hombre ha visto repetirse el sol y el ocaso. El arrecife de coral
y piedras solo resiste a la arrogante ola que va y viene una y
otra vez. Entre sus recovecos la ola brama pero no lo derriba.
Orada, escarba, el arrecife persiste. El hombre de la efi gie mira
con sus ojos de piedra. Poco a poco los restos de roca forman
hondones de arena fi na haciendo la magia de domar las olas.
Donde antes había látigo y cañones, ahora está solo el mar
caribe. Queda la efi gie de Rafael Tomàs Fernández Domínguez
mirando hacia San Isidro. De Soriano Batista no queda nada.
A veces hay que resistir y esperar. A veces no.