El que esté libre de pecado que tire la primera piedra
En medio de nuestras faltas y debilidades, encontramos
a Jesús, quien transformó por completo nuestras vidas,
no porque fuéramos santos, sino precisamente porque
estábamos perdidos en el pecado.
En uno de los encuentros más significativos durante
su caminar en la tierra, Jesús fue confrontado por un
grupo que intentaba ponerlo a prueba. Le presentaron
a una mujer sorprendida en pecado, quien, según la
ley, merecía la muerte. él, siendo el maestro, tenía
la autoridad para juzgar; sin embargo, no justificó
su falta, pero tampoco la condenó. vio, más bien, un
corazón herido y quebrantado, al igual que el de sus
acusadores.
Las piedras representaban la intención de juzgar, pero
fueron ellos quienes quedaron expuestos ante la verdad
del maestro. Hoy, muchos continúan actuando de la
misma manera, creyéndose justos y con la autoridad
para condenar a otros. Este libro nos confronta como iglesia: no para
justificar el pecado ni llamar bueno a lo malo, sino
para comprender la gracia del padre, que busca a los
enfermos del alma, a los ciegos espirituales y a los
cautivos que necesitan la misericordia de Jesús.