Brilla aunque estés rota
Hablar del artista es hablar de Dios.
Del creador perfecto, del que no improvisa, del que no se
equivoca, del que ve el final desde el principio y aun así
decide formar cada detalle con amor.
Hablar de Dios es hablar de propósito.
Es entender que nada en tu vida ha sido casualidad.
Que cada proceso, aun el más doloroso, ha estado bajo la
mirada de un padre que no pierde el control.
Desde el inicio, el gran artista comienza su obra en lo secreto.
En ese lugar donde nadie ve, donde no hay aplausos, donde
el silencio parece más fuerte que las respuestas.
Allí somos formadas.
Moldeadas.
Quebrantadas… y vueltas a levantar.
Es en lo oculto donde Dios trabaja más profundo.
Donde arranca lo que no puede ir a la exhibición.
Donde sana lo que nadie ve.
Donde corrige con amor y afirma con verdad.
Aunque duele… aunque no entiendas…
El artista nunca ha dejado de trabajar.
Y cuando la obra comienza a tomar forma, llegan los desafíos.
Llegan los gigantes.
No para destruirte,
Sino para revelar lo que Dios ya ha depositado en ti.
Son momentos donde todo parece estar en tu contra.
Donde las fuerzas fallan.
Donde la duda intenta ocupar el lugar de la fe.
Pero aun allí… Dios sigue siendo Dios.